LOS FRUTOS DEL CUERPO

Gacela inesperada
No surgiste
entre dos luces
de un río
No me sedujiste
con una fuente llena de oro
No te vi llegar
con tus pezuñas de cabra
Digámoslo
caíste del cielo

 

Me das la mano
lo que en verdad es darla
Y tú sabes hasta dónde
irá la mía
Primero acometerá
a nuca satinada
Descenderá para alejarse
entre montes y valles
Después se dirigirá
hacia la perla flotante
vivaque de tus delicias

 

Cuando tomo
a iniciativa
no hago más que obedecer
Entonces, díctame
Tu sabes que soy
un buen escriba

¿Cansarme
yo
rezongar de la tarea divina?
Soy un forzado
que pide más

 

Nunca me he inclinado
delante de ningún poder
Delante de ti

oh soberana mía

 

Sin abluciones
hago mi plegaria
completamente desnudo
Y me parece
que al cielo le agrada

 

No importa la edad
en el amor
todos somos
debutantes

 

En los frutos del cuerpo
todo es bueno
La piel
el jugo
la carne
Incluso los huesos
son deliciosos

 

Aquel que nunca
haya gustado lo prohibido
que me arroje
la primera manzana

 

Miserables hipócritas
que suben a la cama
con el pie derecho
e invocan el nombre de Dios
antes de copular
De la puerta
que da al placer
no conocerán
más que el agujero ciego
de la cerradura

 

Cuando los teólogos
enturbanados o no
se meten con el sexo
eso
me corta el apetito

 

Me cuesta leer
los tratados de erotología
Me aburre la gimnasia

Si el amor
no fuera
creación
obra personal
hubiera abandonado su escuela

Tu musgo
reconoce mi árbol
Mi árbol
se pierde en tu bosque
Tu bosque sostiene mi cielo
Mi cielo te restituye tus estrellas
Tus estrellas caen en mi océano
Mi océano mece tu barca
Tu barca alcanza mi ribera
Mi ribera es tu país
Tu país me subyuga
y yo olvido entonces mi país

 

Los Frutos del cuerpo (Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2012
Traducido por Leandro Calle)